REFLEXIÓN -
MARÍA DE NAZARET
Aproximadamente hace 35 años, durante el trasiego de mi buscar adolescente, me encontré con personas que decían estar en la tarea de volver a las fuentes del cristianismo primitivo, de ellos escuche esto, sobre María de Nazaret y, lo reproduzco aproximadamente.
María, representa al alma humana, virgen, cándida, inocente.
El ángel, el mensajero que te entrega la enseñanza espiritual.
El alma, se abre humilde a este mensaje, aún sin comprenderlo del todo al principio y, es la condición para que en la persona se engendre la verdad.
Este niño deseado, buscado, se gesta y crece, con dolores y estragos que demuestran que algo viviente hay dentro del que lo lleva. Al principio asusta, anonada, demanda energía y cuidados, pero, va creciendo una alegría y plenitud únicas, solo inteligible para el portador.
La gravidez no es eterna y termina con el fruto maduro, la verdad ha realizado su trabajo en el alma del individuo, y debe manifestarse, no quedarse dentro del útero y entonces se la alumbra.
A partir de ahí el alma que ha realizado su primer aprendizaje cuida al nuevo mensaje al cuidar al mensajero, acompañarlo y sostenerlo con su alegría y también con su sufrimiento callado y calmo.
El mensajero crece, madura y se hace adulto para diseminar el mensaje recibido y que otros se encuentren con la verdad y potencialmente se den nuevas gestaciones en el alma de otros buscadores.
El mensajero sabe y comprende, que, para que la semilla que porta prenda en la consciencia de otros debe ser coherente con cada palabra y afirmación que ha dicho en nombre de Dios y llegar hasta las últimas consecuencias en los esfuerzos de que esta energía divina transforme consciencias y vidas.
El alma humana finalmente comprende su objetivo y la razón de sostener la lucha del mensajero hasta su último aliento.
En este proceso ¿en donde me encuentro?.


No hay comentarios:
Publicar un comentario