REFLEXIÓN -
EVOLUCIONANDO JUNTO AL COSMOS
Toda enseñanza para el desarrollo espiritual,
plantea prácticas psicofísicas para ajustar
nuestra estructura mental, afectiva,
biológica , instintiva, para crear un estado interno más equilibrado y posibilitar la realización efectiva de la ética, la virtud, la bondad y la unión con lo sagrado, única forma
de testimoniar y sembrar en el mundo la idea de la trascendencia, como medio para pasar de un
nivel de existencia ordinaria a una nivel
más alto , de mayor calidad, mediado por una experiencia de vida, más
consciente, sensible y perceptiva, con mayor calidez. En nuestro estado actual, aún no hemos desarrollado “ojos para ver”,
“oídos para oír” y un “corazón para sentir”. Nuestros órganos de percepción
sutil están aletargados, no han despertado aún. Nuestros sentidos son órganos
burdos que solo nos sirven para captar lo inmediato y de modo
distorsionado, la mente es parcial, dual
y distraída; el sentimiento es relativo y reactivo.
En el contexto del desarrollo del
ser, hay quienes plantean que tal desarrollo espiritual se daría como un suceso espontáneo, si así fuese, una de las
condiciones sine qua non, que
demostraría esto, sería la disminución de la violencia, a nivel personal,
social, étnico, político, interreligioso etc. Tal cosa, no la
vemos ni sentimos, pero, este devenir estaría
gestándose en este tiempo y somos parte de ello.
Ideas que fecundan y gestan la paz,
la benevolencia, la compasión, fueron introducidas hace milenios en la mente y
corazón de la humanidad y, han llegado a
nuestros días a través de las enseñanzas del yoga , de Siddhartha Gautama el
Buda, entre otros. Conductas que tienen como
base estas enseñanzas son: el vegetarianismo, el respeto y afecto hacia todo ser vivo, la no violencia, la
vuelta a la naturaleza y a lo natural etc.
Otras tradiciones enfatizan el amor a sí mismo y al prójimo, el altruismo,
la solidaridad a nivel universal. Así,
se transfieren a la sociedad la imagen y
el testimonio de una
conducta humana evolucionada. Otros, animados por esta misma energía consciente,
sienten que deben trabajar para dar a
conocer, entusiasmar y practicar
el cultivo de la Verdad, para transformar este planeta en un mundo
pacífico, como decía Confucio, o para
cristalizar el amor universal entregado por Jesús de Nazaret.
En este contexto, trabajos
espirituales, conscientes y voluntarios, como la meditación, la oración, la
contemplación, la autoobservación, el canto mantrico etc. Son herramientas que
correctamente aplicadas afinan la
evolución, la percepción; desarrollan la consciencia, la ecuanimidad y la atención.
Así, millones de seres en todo el
planeta por la mañana y por la tarde se sientan, realizan reverencias o de hinojos, realizan su acercamiento a lo
sagrado en cada uno y, recogiéndose en
sí mismos, buscan conectarse con lo más
sagrado, El Amor, cuya vibración los cobija y une. Durante esos minutos diarios, se crea una cierta clase de
energía fina, para formar un cuerpo
espiritual consciente para la tierra, esta,
a su vez, se une al vibrar
de la totalidad del cosmos viviente, para posibilitar que el amor se manifieste en
las almas encarnadas del planeta tierra. Por eso, los ejercicios espirituales y
el espacio sagrado, en cada departamento, casa u hogar tiene una función
importante, la de recordarnos que todo
es EL y que en El estamos contenidos. Ese espacio físico, se funde con nuestro
propio espacio interior para elevarse por sobre las formas hacia lo intangible
y eterno de Nuestro sustentador. Así, en silencio, relajados, respirando o musitando palabras santas, implicados con
todo nuestro ser, con calma, en confianza y sin miedo, contribuimos a la formación del alma
planetaria, confiados que desde arriba El Amor nos sostiene.
Momentos especiales en la maña y
en la tarde y, a partir de ahí, a lo
largo del día mantengo a mi observador y actualizo mi consciencia en cada momento
presente.


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