jueves, 15 de enero de 2015

REFLEXIÓN - 
EVOLUCIONANDO JUNTO AL COSMOS





Toda   enseñanza para el desarrollo espiritual, plantea  prácticas psicofísicas para ajustar nuestra estructura  mental, afectiva, biológica , instintiva,  para crear  un estado interno más equilibrado y  posibilitar la  realización efectiva de la  ética, la virtud, la bondad y la unión  con lo sagrado, única   forma de testimoniar y sembrar en el mundo la idea  de la  trascendencia, como medio para pasar de un nivel de  existencia ordinaria a una nivel más alto , de mayor calidad, mediado por una experiencia de vida, más consciente, sensible y perceptiva, con mayor  calidez. En nuestro estado actual,  aún no hemos desarrollado “ojos para ver”, “oídos para oír” y un “corazón para sentir”. Nuestros órganos de percepción sutil están aletargados, no han despertado aún. Nuestros sentidos son órganos burdos que solo nos sirven para captar lo inmediato y de modo distorsionado,  la mente es parcial, dual y distraída; el sentimiento es relativo y reactivo.

En el contexto del desarrollo del ser, hay quienes plantean que tal  desarrollo espiritual se daría como un suceso  espontáneo, si así fuese, una de las condiciones  sine qua non, que demostraría esto, sería la disminución de la violencia, a nivel personal, social, étnico, político, interreligioso etc. Tal cosa,   no la vemos ni sentimos, pero, este devenir  estaría gestándose en este tiempo y somos parte de ello.

Ideas que fecundan y gestan la paz, la benevolencia, la compasión, fueron introducidas hace milenios en la mente y corazón de la humanidad y, han  llegado a nuestros días a través de las enseñanzas del yoga , de Siddhartha Gautama el Buda, entre otros.  Conductas que tienen como base  estas enseñanzas  son: el vegetarianismo, el respeto y afecto  hacia todo ser vivo, la no violencia, la vuelta a la naturaleza y a lo natural etc.   Otras tradiciones  enfatizan  el amor a sí mismo y al prójimo, el altruismo, la solidaridad  a nivel universal. Así, se  transfieren a la sociedad la imagen y  el testimonio de  una  conducta humana evolucionada. Otros, animados por esta misma energía consciente,  sienten que deben trabajar para dar a conocer,  entusiasmar y   practicar  el cultivo de la Verdad,   para transformar este planeta en un mundo pacífico, como decía Confucio, o  para cristalizar el amor universal entregado por Jesús de Nazaret.

En este contexto, trabajos espirituales, conscientes y voluntarios,  como la meditación, la oración, la contemplación, la autoobservación, el canto mantrico etc. Son herramientas que correctamente aplicadas  afinan la evolución, la percepción; desarrollan la  consciencia, la ecuanimidad y la atención. Así, millones de seres en todo  el planeta por la mañana y por la tarde se sientan, realizan reverencias  o de hinojos, realizan su acercamiento a lo sagrado en cada uno y, recogiéndose  en sí  mismos, buscan conectarse con lo más sagrado, El Amor, cuya vibración los cobija y une. Durante  esos   minutos diarios, se crea una cierta clase de energía fina, para  formar un cuerpo espiritual consciente para la tierra, esta,  a su vez,  se une al vibrar de  la totalidad del cosmos viviente,  para posibilitar que el amor se manifieste en las almas encarnadas del planeta tierra. Por eso, los ejercicios espirituales y el espacio sagrado, en cada departamento, casa u hogar tiene una función importante, la de recordarnos que  todo es EL y que en El estamos contenidos. Ese espacio físico, se funde con nuestro propio espacio interior para elevarse por sobre las formas hacia lo intangible y eterno de Nuestro sustentador. Así, en silencio, relajados, respirando  o musitando palabras santas, implicados con todo nuestro ser, con calma, en confianza y sin miedo,  contribuimos a la formación del alma planetaria, confiados que desde arriba El Amor  nos sostiene.

Momentos especiales en la maña y en la tarde y, a partir de ahí, a  lo largo del día mantengo  a mi  observador y  actualizo mi consciencia en cada momento presente.




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