HERALDOS DEL BIEN
A través del tiempo se han mantenido incólumes ciertos textos que expresan la genuina experiencia espiritual; el desarrollo de todas las posibilidades humanas. Seres que buscaron el AMOR con su alma, vida y corazón, con la totalidad de su ser, hicieron su trabajo y conocieron a Dios. Mediados por el cuerpo físico desarrollaron todos los cuerpos sutiles para fundirse sin tiempo ni espacio en el “Universo Amor”, su origen. Algunos en vida, fueron y volvieron, otros, desencarnaron conscientemente.
Transmitir este conocimiento que trasciende todo entendimiento, hizo que los escritores usaran un lenguaje preciso, objetivo y asequible, capaz de que la verdad se transmita sin alteración a través del tiempo. Inicialmente la verdad se entregó oralmente, de corazón a corazón, del maestro a ciertos discípulos que despertaron.
La verdad es unívoca, impresiona nuestra consciencia, toca nuestros centros sutiles para levanta nuestra naturaleza hacia la búsqueda de la autorrealización.Textos como El Gita, El Avesta, La Biblia Hebrea, El Evangelio Cristiano, Los Sutras de Patanjali, Autobiografía de un Yogui, El Sutra del Diamante etc. Contienen y mantiene la verdad, señalan el camino posible ya recorrido por los enviados del cielo y planteado a los seguidores para su ascenso humano. Los grandes maestros, no escribieron libros, vivieron su misión, su trabajo y experiencia espiritual. Experimentaron la dificultad y la dicha de este camino, llegaron hasta donde les fue concedido por La Realidad Divina, fuera de la cual, todo es sueño nos advierten y la ciencia actual lo corrobora al expresar, que, lo que nosotros llamamos realidad es un mundo holográfico.
La enseñanza espiritual se plantea aparentemente encriptada para los legos y neófitos en el oficio divino, pues algunas alegorías se leen como hechos reales y las lecciones se aplican a una situación externa, cuando en realidad se dirigen al hombre interior. Dos ejemplos: El primero. En la Biblia el libro de Job es un relato de enseñanza clásico de la pedagogía de oriente. El segundo. El pasaje de Mateo 35 ``Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis;36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme”. Una lectura interna indica que el espíritu es lo más olvidado por el humano, tanto que se podría decir que casi no existe para la consciencia y la experiencia del hombre ordinario, pero, el verdadero cultivador “alimenta”, “viste”, “visita”, “dialoga”, con su espíritu diaria y constantemente .Trabaja para transmutar su ego y eventualmente liberarlo mediante un asiduo ejercicio espiritual y, a partir de ese hecho desde arriba se le otorga la justicia de ser reconocido como “bendito de mi Padre”.
Hoy, hay quienes son contratados para escribir 5 – 10 o más libros en serie sobre el mundo espiritual, cuántos autores son genuinos trabajadores del espíritu, cuántos de estos han abierto su ojo espiritual y conocen la conciencia cósmica, estos libros toman retazos de la verdad dejada por los hombres perfeccionados, la doran con un lenguaje alambicado y nos la entregan como un conocimiento propio, algunos, los más sinceros logran inspirarnos. Pero luego de leer, el auténtico estudiante se pone en la tarea de buscar la experiencia espiritual trabajando sobre sí, para transformar el proceso entrópico de nuestra naturaleza planetaria, en efluvios de genuina energía espiritual, siendo actores en la construcción de un mundo bondadoso, pacífico, ético y solidario.
Tres enseñanzas contenidas en los grades libros
Somos de la misma naturaleza de Dios; espíritu, luz, energía, vibración, consciencia cósmica. Etc.
La experiencia planetaria nos cubre con el ego y quien pretende recobrar su prístina esencia divina, en su edad responsable debe realizar un trabajo espiritual específico para transmutarlo en virtud desde la ecuanimidad.
La humanidad en este planeta se encuentra dormida y debe despertar a la única realidad, para lo cual, debe querer despertar y aceptar ser despertado.
Luego de la lectura de la Verdad, me aplicaré a ponerla en práctica en la escuela de la vida cotidiana, humildemente en cada situación y oportunidad, y si alguien me pide, compartiré mi experiencia espiritual.


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