viernes, 6 de febrero de 2015

REFLEXIÓN - 


La Espiritualidad y el Sufrimiento.
 
                                                              
                                                                                                                                                                        Oración de San Francisco

El sufrimiento. Es un estado interior psico – somático directamente relacionado al sentimiento; el sufriente se siente afectado por algo que considera negativo y reacciona exteriorizándolo como frustración, pérdida, impotencia, estigma. Gesta en su psique  un  concepto e imagen de sí mismo baja y deteriorada, le cortejan   sensaciones de ser abusado, explotado, menospreciado, despreciado o no reconocido. Este concepto  y experiencia emocional se conecta con el cuerpo  generando  estrés,  que, a su vez, pauperiza el  sistema inmunológico, debilita órganos y sistemas biológicos, dando paso a   alergias y otras enfermedades. En el plano psíquico sientes que la  vida no vale la pena, que no tiene  propósito, lo cual,  incrementa el sufrimiento.

Este fenómeno humano se dispara cuando el goce o estado de bienestar individual  ha sido restringido o eliminado. Este estado  drena a raudales la energía del sentimiento y la emoción, que, siendo  como es, una  energía más fina y por ende más rápida y perceptiva que la somática, reacciona a cambios sutiles en su entorno. Este gasto reactivo, inconsciente,  de la   energía emocional es un desperdicio en términos cuantitativos e inútil en términos cualitativos, pues solo   sustrae. En cambio, si se la canaliza correctamente, la potencia y sutileza de esta energía se conecta con el corazón, expresándose en misericordia, concordia,  generosidad,  solidaridad,  mansedumbre.

En contraparte,  la felicidad, es un estado de complacencia, satisfacción, completitud  y contento por haber recibido en justa medida o generosamente, o mejor, por haber compartido, es decir que del cien por cien de un valor, un porcentaje queda para satisfacción propia y el otro porcentaje para el placer y satisfacción del otro, de donde, los dos se complacen, y se vive un estado de equilibrio psico – emocional, de conexión hacia el creador.

A porfía,  la energía emocional  la gastamos  mecánicamente sin darnos  cuenta, en la vorágine de los actos humanos automáticos que se suceden uno tras otro en las conductas ciegas y reactivas, en la violencia, el olvido del ser, en el falso amor propio, al socaire del orgullo y la vanidad.
La consciencia, canaliza la energía que resulta de la lucha entre el si y el no, entre la afirmación y la negación, entre el exceso y la carencia .El trabajo  interior aparece como reconciliación, como justicia, equidad, caridad, generosidad; contrariando a la envidia y la animadversión. En todo acto consciente existe un propósito,  una dirección, una intención bien definida, evolucionar. El humano consciente  saliendo de sí,  busca el bien del otro para darle placer y gozo, en la misma mediad que el  obtiene   placer y  gozo, así, el gozo se multiplica,   la percepción del observador -  experimentador cambia,  el entorno se vuelve amigable, sabiendo que, haciendo el bien al otro me lo hago a mí mismo desde una comprensión y sensación correctas. Al destilar la negatividad, el resultado, la benevolencia, elixir y tónico del amor.

El trabajo interior es la llave,  el moderador, el reconciliador, el agua que tiempla el metal, el restaurador de la homeostasis  existencial, el proceso que  permea la energía hacia el mundo espiritual. Por eso, todo cultivador espiritual comprende que no existe evolución espontánea e inconsciente, por su trabajo interno ha llegado a ver el horror de la situación y se da cuenta con cada fibra de su ser  que el origen del error, está dentro de cada uno y de todos los humanos; debe desear desesperada y urgentemente  realizar  este trabajo, que genera  un nivel más alto de ética y responsabilidad,  que  transmuta lo denso de nuestro actuar , pensar y sentir  en  un sistema corregido de pensar , sentir y actuar rectamente, este estado más elevado debe sentírselo con  todo el ser, con toda la  masa, con cada molécula del  alma completa y, percibir   la apertura de una vía  hacia el mundo superior, en donde,   fenómenos antes ocultos se  revelan al practicante , el amor se vuelve objetivo en la medida que se sube  de nivel , nuestro sentimiento y sensación se vuelven más sutiles y alertas.

El sentimiento consciente es más sensibles a todo lo que vibra  en los reinos, mineral, vegetal, animal, a nivel planetario. Eventualmente somos capaces de tener una sensación cabal el sufrimiento del planeta; en los animales  (miles de especies extinguidas) , en las plantas (deforestación galopante) , en la atmósfera ( contaminación ) , en el agua ( contaminación con metales pesados ), en el aire (lluvia ácida),  en el mundo mineral ( minería a  gran escala),en el mundo humano( mega ciudades, explosión demográfica), en el mar (extinción de especies de peces y cambio en la características del agua marina).   La  máquina de la inconsciencia planetaria   quiere engullir  todo y rápido. Por lo tanto, el humano que ha despertado a lo espiritual,  siente que hay  que corregir el error dentro de uno mismo y  sensibilizar a otros , para rectificar comunitariamente   el sufrimiento del anima mundi y, elevar objetivamente al planeta a percibir a su creador.  

Cada acto, sencillo o complejo, lo acompaño de atención consciente y a la energía que siento moverse  en mi interior, afectuosamente  la canalizo hacia conductas amorosas. 







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