viernes, 3 de abril de 2015

El amor existe si y solo si…



Quienes están involucrados en el autoconocimiento desde un corazón verdadero, saben que en las condiciones actuales de sus vidas el Amor es una tarea, un proyecto, una utopía. La creatura debe realizar el trabajo espiritual precisamente para acercarse a  la posibilidad de Amar, de sentir y saborear trazas de esa inefable y desconocida realidad.

Al Creador le hemos dado los atributos que humanamente creemos que  representan lo perfecto, hemos traducido en comportamientos humanos la realidad inescrutable del Amor, así, las conductas bondadosas, altruistas, que demuestran la intención interna de salir del egoísmo le hemos calificado de amor. Pero sabemos, si nos hemos observado sin ambages, que esos atributos no se dan espontáneamente , reconocemos que demandan una cierta clase  sufrimiento, algo muere o se posterga en el deseo egoísta  que es mi prioridad ,  busco siempre lo placido, lo tranquilo, lo satisfactorio, aquello que impresione mi mente para producir químicos de gozo. En esta línea, cuando fracciono  o pospongo  el placer para dárselo primero a otro, entonces, me acerco al atributo del Amor que es dar, y si ese dar es genuino, desinteresado, si lo hago para que el gusto mío se comparta para que otro disfrute también, entonces es un movimiento  tanto interno como externo de realizar en la tierra aquello que creemos existe solo en el cielo.

El dar y compartir con consciencia e intención   se contrasta con mi realidad  de  acaparador  de toda la generosidad  del Creador: el alimento, el aire, el ambiente, los olores, sabores, sensaciones, afectos, atención, aprobación, compañía, emoción religiosa  e incluso la filantropía y la caridad, finalmente nos otorgan placer, sensación de haber hecho lo bueno y lo justo, esa es nuestra naturaleza de creatura, recibir, recibir y recibir.

En la tradición de las enseñanzas de Jesús Cristo existe una doctrina que nos muestra el movimiento voluntario  hacia experimentar la energía que viene del otorgar, se encuentra en los escritos de Mateo y se le da el nombre de caridad, un valor consciente e intencional de  realizar  el atributo de entrega que  hemos reconocido en El Creador. Comprendo que la palabra amor alcanza significado cuando se convierte en conducta medida y observable en mi consciencia, así:
Si actúo con  longanimidad con el otro  entonces amo.
Si actúo con benevolencia con el otro entonces amo.
Si expreso cortesía al otro entonces amo.
Si no me irrito con el otro entonces amo.
Si no gesto pensamientos negativos  respecto del otro entonces amo.
Si me complazco con el bien y la justicia hacia el otro entonces amo.
Si me complace que el otro progrese en sabiduría bienes y dones entonces amo.
Si tolero y me expreso con alabanzas y sin juicios respecto del otro entonces amo.
Si espero sin desesperar hasta que al otro le llegue su momento entonces amo.

Todo lo dicho y más, sin decaer, sin cambios repentinos de estado y carácter, sino como una nueva naturaleza estable, como una constante integrada a mi  por sobre mi deseo egoísta. Solo al realizar este trabajo espiritual  me habré acercado a experimentar lo genuinamente espiritual, donde mora el   Amor realidad omnipresente, cercana, que toca la puerta de mi consciencia y me invita  a experimentarlo.

 Comienzo por casa, a  generar amor consciente, luego,  me abro a los otros de mi realidad cotidiana para atraer el bien del cielo a la  tierra. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario