martes, 3 de marzo de 2015

SIN MIEDO AL ADVERSARIO

REFLEXIÓN - 

SIN MIEDO AL ADVERSARIO




Un verdadero cultivador de sí mismo, valora corregir sus lados oscuros para iluminarlos. Sabe que el solo conocimiento intelectual no es sabiduría, alcanzar la comprensión espiritual requiere un fuerte deseo de cambiar combinado con una elevada aspiración de ser, caso contrario,  solo quedará la información  intelectual que pronto  se enfría. La honradez del practicante  hace que note y sienta la distancia entre sus palabras y sus acciones; en quien está despertando, esta  sensación de incoherencia es vívida y espolea  su deseo de trabajar en la  autotransformación  de sus aspectos negativos dominantes.

Un trabajo interior  honesto, se debe comenzar por lo menos con dos voluntades: una, la del deseo de  conocer, y otra, la del deseo de  ser, estas  dos voluntades básicas empujarán  nuestra flaqueza al trabajo interior, poniéndonos a salvaguarda de la negatividad y la molicie, dos personajes de la falsa personalidad a las que debemos  observar cuidadosamente, para “sentir y ver” , de dónde nace la  pereza por trabajar espiritualmente, descubrir cuál es la raíz  de mi   desdén y de mi  cansancio al poco tiempo de haberme  prometido que lo haré  ahora o nunca. Trabajar sobre sí mismo implica perseverar vigilando la negatividad   y  la zona de confort  desde la práctica de  la  atención,  que poco a poco se incrementa y despierta, luego, ir más  profundo y  desde el corazón  trabajar  ardientemente   para desarrollar el  nivel de consciencia, mediante limpiar los pensamientos erróneos, corregir  automatismos,  liberarnos de  las cosas inútiles que nos mantienen narcotizados, equivocados y  boquiabiertos mientras la vida real pasa sin darnos cuenta, la consciencia demanda  ganar concentración relajada,   mantenernos sintiendo nuestro cuerpo -  máquina, dándonos cuenta de a dónde nos lleva, que busca y, de que se alimenta. En ese estado de atención, sensación y recuerdo, de mi cuerpo y mis emociones    me es posible ejercer  intención para transformar mis actos automáticos y erróneos en  conscientes y justos, entonces comprender la corrección, humanización y elevación espiritual que el autoconocimiento  aporta.

Otro elemento que se alimenta del  sueño, es la  violencia, la agresividad, que como cancerbero cuidad el reino del ego y su deseo insaciable de hartarse de placer, poder y culto a sí mismo,  esgrimiendo fuerza  o seducción y  halagos.  Estrategias con las que gana   servidores que nutren  sus ansias egoticas y niegan el amor. Todas las tradiciones espirituales, desde la partida del autodesarrollo,  plantean al cultivador deponer la violencia, apaciguar sus movimientos corporales externos e internos  agresivos, no hay nada más inspirador que un trabajador espiritual que labora humildemente por ganar apacibilidad, tranquilidad, ausente de  movimientos automáticos, como  mover  constantemente las piernas, los pies , comerse  las uñas ,  hacer morisquetas,  apretar las manos, libre de  gestos que denuncien tensión , distracción , crispamiento. Ho, que so pretexto de ser sincero, despotrica contra las personas sin consideración ni respeto, que da rienda suelta  a su bilis, esgrimiendo  gritos y movimientos intimidantes, sino que, trabaja desde dentro hacia fuera, desde el soltar de sus emociones atrapadas hacia mantener el cuerpo relajado conscientemente, en un constante movimiento de transmutación de las dos fuerzas “el lobo y el cordero” para que las dos, reconciliadas gracias al trabajo interior, en una tercera fuerza  equilibrada,  ejerzan  su función específica para nutrir al organismo total con energía positiva . La violencia es herramienta del sueño de la consciencia, se sirve de todo el cuerpo: las piernas, los brazos, las manos, la postura, la nariz, la lengua. El cuerpo en su totalidad es usado por el ego como un arma egoísta.

El desplante armado del cuerpo sorprende muchas veces al cultivador sincero, le demuestra  que por un momento de sueño de la consciencia hecha por tierra el amor lo que duele y remuerde. El practicante se  queda debilitado y desesperanzado pensando que tal vez no tiene esperanza de cambio. Pero, una voz interior le confirma amablemente que  se encuentra en camino de perfeccionarse y le hace ver  que el error es menos frecuente, en número, tiempo e intensidad, que la recuperación hacia la homeostasis psicosomática  es más pronta. El practicante lo comprende así, y pide la fuerza de la Luz  para continuar, segura de que Ella hará posible el ego trasmutar. Podrá comprender y tolerar bondadosamente a los más cercanos que lo miran y juzgan, pues, quieren ver frutos, quieren convencerse de que las promesas de la autorrealización son objetivas sobre la conducta  al ganar en   serenidad, dignidad y objetividad para servir al otro.


MOMENTO A MOMENTO ME CONVOCO A LA CONTEMPLACIÓN, LA SERENIDAD Y LA PAZ.


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